Historia de Ayacucho

Historia de Ayacucho

Ligada a la historia del Perú y símbolo de la Independencia de las colonias españolas en América, Ayacucho es centro de una gran tradición cultural que se remonta a varias decenas de miles de años.

Los primeros pobladores habitaron la zona cercana a la cueva de Pikimachay. Desde entonces, el territorio fue sucesivamente ocupado por distintas culturas. 

Sucediendo a la cultura Warpa, los Wari ocuparon la zona por cerca de 600 años. Justamente la ciudad de Wari está considerada como la mayor urbe prehispánica del Perú, se considera que vivían en ella 50.000 personas.

Se conserva, en el sitio arqueológico, las huellas de esta inmensa ciudad, con calles delimitadas, y ruinas de edificios con múltiples usos.


El crecimiento durante la etapa del Inca 

La ocupación de los incas se produjo hacia el siglo XV. De tal importancia fue este territorio para esta civilización, que se ordenó edificar en Vilcashuamán un importante centro de gobierno y culto.

En este pueblo cercano a la ciudad de Ayacucho se edificó una impresionante ciudadela, de la que se conservan numerosos edificios, mezclados con la arquitectura surgida en la conquista española. 


La conquista española

La impronta colonial de la conquista ibérica quedó marcada en Ayacucho. Sobre el trazado de damero típico de las ciudades españolas en América se construyeron los primeros edificios religiosos y una gran cantidad de templos católicos, partiendo de la plaza de Armas.

La ubicación geográfica de Ayacucho se decidió en tres intentos de fundación, hasta ocupar la zona en la que se mantiene desde hace casi cinco siglos. 

Convertida entonces en un importante centro de tránsito e intercambio comercial, la ciudad fue creciendo y acumulando templos y conventos.

La mayoría, con fachadas de piedra y mortero, responde a las tendencias del estilo Barroco, y fueron levantándose merced a dos fenómenos: la evangelización católica y la minería. 


El cambio de nombre: de Huamanga a Ayacucho

La ciudad conserva su nombre de Huamanga hasta que, en 1825, el Libertador Simón Bolívar le confiere el nombre de Ayacucho en homenaje a la batalla que terminó de sellar la independencia de las colonias españolas en América.

Comandadas por el venezolano Antonio José de Sucre, ayudado por los peruanos José de La Mar y Agustín Gamarra y el colombiano José María Cordova, las tropas republicanas derrotaron al ejército español en la Pampa de la Quinua. 

Era entonces Ayacucho una ciudad de casonas señoriales, de iglesias bellamente decoradas, y varios conventos de distintas congregaciones católicas.

Los retablos de pan de oro, las custodias y las obras de arte sacro, como pinturas e imágenes, se conservaron con el paso de los siglos hasta hoy, con el cuidado de los fieles. 


La universidad, importante elemento de la ciudad

Tal era la importancia de la ciudad que en 1677 se había fundado la Universidad de San Cristóbal de Huamanga, que funciona hasta hoy, con un interregno de casi cien años de cierre durante la guerra del Pacífico.

Ayacucho consolidó su posición como cruce de caminos hacia Huancavelica, el Cusco, Bolivia y las poblaciones del Océano Pacífico, como Tacna o Arica. 

La laboriosidad de los huamanguinos los hizo merecedores en todo el país, de generosos calificativos.

Motorizaron la reapertura de la universidad, que lograron en 1957 y, de alguna manera, intentaron dar vida a una ciudad que se iba quedando sola: la migración a las grandes ciudades en busca de mejores oportunidades se llevaba buena parte de su población.

Las mentes más brillantes volcaron su creatividad en el rescate y mantenimiento de sus tradiciones. 


Los 150 años de la Batalla de Ayacucho

En 1974 recibió la visita de los presidentes de los países bolivarianos, por el 150° aniversario de la Batalla de Ayacucho.

El gobierno de Venezuela ejecutó la construcción del estadio de fútbol Ciudad de Cumaná, en honor al sitio de nacimiento de Antonio José de Sucre. Sin saberlo, sus habitantes se preparaban para protagonizar uno de los episodios más terribles de la historia reciente del Perú.


La oscura era del terrorismo

Las operaciones de la organización Sendero Luminoso comenzaron justo en Chuschi, una apartada población de la provincia de Cangallo.

Quemaron las ánforas electorales del proceso comicial de 1980 y se extendieron por todo el país. Su jefe, Abimael Guzmán, era profesor de filosofía en la Universidad de San Cristóbal de Huamanga.

Por años, el terror hizo de Ayacucho, y de toda la zona campesina del Perú, su área de señorío. 

La captura de Guzmán en 1994 debilitó y desarticuló totalmente a Sendero Luminoso.

Imperceptiblemente, Ayacucho comenzó a crecer y se abría a la modernidad.


La Ayacucho contemporánea

El Estado mejoró las vías de comunicación y el equipamiento urbano, y la estabilidad política trajo seguridad económica.

Comenzó entonces la etapa de la Ayacucho turística que perdura hasta hoy. 

La ciudad cuenta en la actualidad con todos los servicios necesarios para el disfrute. Dotada de hoteles para todos los presupuestos, restaurantes que satisfacen los paladares más exigentes y atractivos históricos, culturales y naturales, está servida por un aeropuerto que la conecta con Lima.

También la alcanzan y recorren carreteras nacionales que la unen al resto del país.